DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

Falsos escorpiones en Tierra del Fuego

Si bien son abundantes en la región no son conocidos por los pobladores. Vanessa Lencinas del CADIC y Andrés Porta nos ayudan a saber más de ellos.


Imagen: Jeremías Di Pietro- CADIC

Algunas semanas atrás sorprendió en Tolhuin la visita de unos bichos muy particulares en una vivienda familiar. No es la primera vez que ocurre y, sin embargo, generó –como cada vez que aparecen- un revuelo considerable, a punto tal que ganó varios espacios en los medios locales. Pero, ¿qué son estos seres?, ¿son comunes en la isla?, ¿representan algún peligro? María Vanessa Lencinas, investigadora del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), nos cuenta un poco más acerca de ellos.

Estas criaturas un poco monstruosas son conocidas como pseudoescorpiones o alacranes falsos por el parecido que tienen con estos famosos arácnidos, los escorpiones. Si bien son de la misma clase –Arachnida– y su apariencia es semejante, los parecidos son simplemente superficiales. Los alacranes falsos son mucho más pequeños –el tamaño máximo que alcanzan es de 7 mm- y no tienen cola. También son venenosos pero, a diferencia de aquellos, la sustancia tóxica se encuentra en sus pinzas –pedipalpos- y es nociva sólo para sus presas, que son otros insectos y arácnidos. “Entonces esta poderosa arma en su mundo diminuto es en realidad inofensiva para los humanos y otros animales de mayores dimensiones”, explica Lencinas.

Más allá del parecido

Los pseudoescorpiones son muy abundantes en la naturaleza. Se conocen unas 1600 especies en todo el mundo, pero se calcula que esta es sólo una pequeña porción de la diversidad que existe realmente. Este desconocimiento, tanto por parte de los especialistas como de las personas en general, se debe a sus pequeñas dimensiones y a que pasan gran parte del tiempo ocultos en sus cuevas, entre las hojas, en grietas, etcétera.

Entre sus características más sobresalientes está su capacidad de secretar hilos de seda a partir de unas glándulas que se encuentran en su boca, tal como lo hacen las arañas; pero a diferencia de éstas, no los usan para fabricar trampas para sus presas. “Esta seda es el material con el que construyen cámaras entre las hendeduras y grietas, que sirven de refugio, de nido para las crías y también para mudar e hibernar” cuenta la científica.

Otra particularidad son sus pedipalpos. “Sus poderosas pinzas les sirven para capturar a sus presas y para defenderse de sus enemigos; pero además tienen una función sensorial. Gracias a ellas encuentran su camino, perciben la presencia de una posible presa o de algún peligro y en algunas especies son sumamente útiles para encontrar pareja. Por el contrario su visión es muy deficiente y posiblemente lo único que lleguen a diferenciar es la penumbra de la oscuridad. Incluso hay algunas especies que son ciegas”, describe Vanessa.

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Imagen: Jeremías Di Pietro, CADIC

Vecinos desconocidos

Andrés Porta del Museo Argentino de Ciencias Naturales (CONICET) explica que en Tierra del Fuego los pseudoescorpiones son muy abundantes aunque hay pocas especies. Además, son totalmente inofensivos, entonces ¿por qué despiertan temor, sorpresa e interés, cada vez que aparecen?

Según el especialista, esto puede deberse en parte a su apariencia que recuerda a sus peligrosos parientes lejanos, los alacranes. Pero además son difíciles de hallar por su tamaño y sus hábitos. A esto se suma que la especie más común en la región vive entre las hojas secas que se acumulan en el suelo –hojarasca- por lo cual es difícil de hallar. Sin embargo, es posible encontrarla en ambientes cercanos a los domicilios ya que los falsos alacranes suelen hacer foresia sobre insectos, esto es, una relación interespecífica en el que un individuo es transportado por otro de una especie diferente.

¿Sabías qué?

Una investigación llevada a cabo por investigadores del CADIC (CONICET), el INTA y el Museo Argentino de Ciencias Naturales (CONICET) encontraron que la especie de pseudoescorpiones Neochelanops michaelseni, presente en Tierra del Fuego es un buen bioindicador de conservación de los ecosistemas. Es decir que en los ambientes que están mejor preservados, estos insectos son más abundantes que en aquellos que han sido perturbados por la presencia de diferentes actividades humanas, como por ejemplo, actividad forestal. De igual manera son buenos indicadores de los grados de recuperación de un ecosistema luego de aplicar modificaciones en su uso.

(Ver publicación en inglés)


¡Los arácnidos no son insectos!

Tanto los insectos como los arácnidos son artrópodos. Pero los primeros tienen tres pares de patas y el cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen mientras que los arácnidos cuentan con cuatro pares de patas y cuerpo dividido en cefalotórax y abdomen


Por Mariela López Cordero- CADIC